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EEUU en camino a triplicar el uso de las renovables

Debido a los beneficios ambientales y al abaratamiento de costos en las tecnologías de generación y producción, son cada vez mayores los países que buscan incrementar la participación de las energías renovables en sus respectivas matrices energéticas.

 

Según un estudio de la Agencia Internacional de la Energía Renovable (Irena, por sus siglas en inglés), Estados Unidos es uno de los que mejores perspectivas tiene en el mundo, teniendo el potencial para más que triplicar la participación de estas fuentes en el consumo final, pasando del 7.5% registrado en el año 2010 a una proyección del 27% en el 2030.

 

Actualmente, el uso de las energías renovables en Estados Unidos está destinado al mercado eléctrico, biocombustibles y biomasa para la calefacción en edificios y la industria manufacturera.

 

Tan solo en el sector eléctrico la participación de las renovables puede alcanzar un 50% del total del parque de generación en este país, además de jugar un papel mucho más relevante en el suministro de combustibles para los sectores de manufactura, edificios y transporte con los autos eléctricos.

 

“Estados Unidos tiene el potencial para liderar la transición global a las energías renovables. Posee uno de los mejores recursos eólicos, solar, geotérmicos, agua y biomasa del mundo”, destaca el estudio.

 

Las proyecciones de Irena para el 2030 señalan que la energía eólica será la principal fuente renovable de consumo en Estados Unidos, superando a la hidroenergía que es actualmente la de mayor uso.

 

Otra fuente que también tendrá un gran impulso es la generación fotovoltaica que se prevé aumentará en 60 veces la potencia instalada del 2010.

 

De concretarse el desarrollo de este potencial para el 2030, este país será el segundo mayor consumidor de energías renovables, después de China, con un 13% de participación del total a nivel mundial.

 

Políticas y condiciones

Para Irena la implementación de adecuadas políticas de apoyo a este sector y el uso y mejoras adecuadas de las tecnologías existentes, viabilizará el rol de los Estados Unidos como centro de desarrollo de las energías renovables.

 

Asimismo, la cultura de innovación, las abundantes oportunidades de financiación, un sector empresarial emprendedor y una fuerza laboral altamente calificada, coadyuvarán al incremento sustancial en la ejecución acelerada y eficiente de proyectos.

 

Datos del estudio indican que para alcanzar este incremento en la generación, se requerirá una inversión promedio anual de $us 86 mil millones hasta el año 2030.

 

Mientras que los beneficios esperados de esta transición a las renovables se traduce en un ahorro para la economía estadounidense, valorado entre $us 30 mil millones y $us 140 mil millones por año, gracias a la creación de empleos, mejoras en la salud humana, así como la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de este país por casi un tercio.

 

“Sin un salto a una política amplia y sistemática, Estados Unidos tiene el riesgo de quedarse bastante corto para desarrollar este potencial”, advierte Irena.

 

Uno de los puntos importantes es la creación de una política de apoyo al mercado de energías renovables con una visión consistente, predecible y a largo plazo, que permita la atracción de inversiones en redes de transmisión y la logística para los proyectos de biomasa.

 

Además, pese a que Estados Unidos tiene un conocimiento avanzado de las energías renovables, se requiere ampliar los programas de sensibilización y sus beneficios entre fabricantes, instalador y usuario.

 

De la misma manera en innovación, al ser un país líder en esta materia, debe continuar apoyando el desarrollo de nuevas tecnologías y las mejoras de las ya existentes, lo cual se traducirá en eficiencia en la generación y la reducción de costos.

 

En cuanto a la competencia de los recursos fósiles, Irena plantea la necesita de adoptar sistemas que mejor representen los costos de la utilización de estas fuentes, incluyendo el daño a la salud humana, el medio ambiente local y las consecuencias de las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático en la macroeconomía.

Debido a los beneficios ambientales y al abaratamiento de costos en las tecnologías de generación y producción, son cada vez mayores los países que buscan incrementar la participación de las energías renovables en sus respectivas matrices energéticas.

 

Según un estudio de la Agencia Internacional de la Energía Renovable (Irena, por sus siglas en inglés), Estados Unidos es uno de los que mejores perspectivas tiene en el mundo, teniendo el potencial para más que triplicar la participación de estas fuentes en el consumo final, pasando del 7.5% registrado en el año 2010 a una proyección del 27% en el 2030.

 

Actualmente, el uso de las energías renovables en Estados Unidos está destinado al mercado eléctrico, biocombustibles y biomasa para la calefacción en edificios y la industria manufacturera.

 

Tan solo en el sector eléctrico la participación de las renovables puede alcanzar un 50% del total del parque de generación en este país, además de jugar un papel mucho más relevante en el suministro de combustibles para los sectores de manufactura, edificios y transporte con los autos eléctricos.

 

“Estados Unidos tiene el potencial para liderar la transición global a las energías renovables. Posee uno de los mejores recursos eólicos, solar, geotérmicos, agua y biomasa del mundo”, destaca el estudio.

 

Las proyecciones de Irena para el 2030 señalan que la energía eólica será la principal fuente renovable de consumo en Estados Unidos, superando a la hidroenergía que es actualmente la de mayor uso.

 

Otra fuente que también tendrá un gran impulso es la generación fotovoltaica que se prevé aumentará en 60 veces la potencia instalada del 2010.

 

De concretarse el desarrollo de este potencial para el 2030, este país será el segundo mayor consumidor de energías renovables, después de China, con un 13% de participación del total a nivel mundial.

 

Políticas y condiciones

Para Irena la implementación de adecuadas políticas de apoyo a este sector y el uso y mejoras adecuadas de las tecnologías existentes, viabilizará el rol de los Estados Unidos como centro de desarrollo de las energías renovables.

 

Asimismo, la cultura de innovación, las abundantes oportunidades de financiación, un sector empresarial emprendedor y una fuerza laboral altamente calificada, coadyuvarán al incremento sustancial en la ejecución acelerada y eficiente de proyectos.

 

Datos del estudio indican que para alcanzar este incremento en la generación, se requerirá una inversión promedio anual de $us 86 mil millones hasta el año 2030.

 

Mientras que los beneficios esperados de esta transición a las renovables se traduce en un ahorro para la economía estadounidense, valorado entre $us 30 mil millones y $us 140 mil millones por año, gracias a la creación de empleos, mejoras en la salud humana, así como la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de este país por casi un tercio.

 

“Sin un salto a una política amplia y sistemática, Estados Unidos tiene el riesgo de quedarse bastante corto para desarrollar este potencial”, advierte Irena.

 

Uno de los puntos importantes es la creación de una política de apoyo al mercado de energías renovables con una visión consistente, predecible y a largo plazo, que permita la atracción de inversiones en redes de transmisión y la logística para los proyectos de biomasa.

 

Además, pese a que Estados Unidos tiene un conocimiento avanzado de las energías renovables, se requiere ampliar los programas de sensibilización y sus beneficios entre fabricantes, instalador y usuario.

 

De la misma manera en innovación, al ser un país líder en esta materia, debe continuar apoyando el desarrollo de nuevas tecnologías y las mejoras de las ya existentes, lo cual se traducirá en eficiencia en la generación y la reducción de costos.

 

En cuanto a la competencia de los recursos fósiles, Irena plantea la necesita de adoptar sistemas que mejor representen los costos de la utilización de estas fuentes, incluyendo el daño a la salud humana, el medio ambiente local y las consecuencias de las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático en la macroeconomía.

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