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El problema del agua es que no es líquida… como activo financiero

La falta de un mercado impide una buena asignación de precios que refleje el verdadero valor de este elemento y permita un uso más eficiente.
El mercado del agua en California data del siglo XIX y se basa en el viejo código minero en el que el primero que llega se adjudica el derecho.
Los cuatro años de severa sequía en California han traído de vuelta viejos problemas sobre quién tiene derecho sobre el agua en el sediento estado. Las autoridades aplican restricciones al uso y medidas extremas para conservar el agua existente, como cubrir con miles de pequeñas bolas de plástico la superficie de los embalses para evitar su evaporación, al tiempo que empresas y agricultores cruzan acusaciones sobre quién debería utilizar menos agua. Si, según los expertos, California capta cada año agua suficiente para cubrir sus necesidades si opera de forma eficiente, la duda que surge es si este bien natural es lo suficientemente líquido… desde el punto de vista financiero.
El problema de cómo compartir el agua preocupa desde que la civilización existe. Es un recurso muy valioso que nadie posee realmente.
Un importante paso hacia la resolución de los conflictos sobre el agua es lograr que sea más líquida, es decir, establecer un sistema en que el derecho de uso se pueda transmitir de forma sencilla. El mecanismo que utiliza California en la actualidad es considerado lento, torpe y opaco. “Si quieres hacer una operación ahora, tienes que reunirte con un operador en una cafetería en alguna parte”, explica a Bloomberg Richard Howitt, investigador de la Universidad de California en el Davis´s Center for Watershed Sciences.
Para la construcción de un libre mercado del agua es necesario definir con claridad los derechos de propiedad sobre el recurso. California carece de esto para el agua subterránea, y confía en los tribunales para solucionar los conflictos. Esto provoca malestar entre los agricultores, que acaban tratando de bloquearse unos a otros. Aunque el año pasado se aprobó una ley estatal que establece una regulación gradual sobre las aguas subterráneas, no se implementará completamente hasta 2040.
Mercado del agua
Para lograr un avance, los expertos apuntan a una modernización seria del sistema, que data del siglo XIX y se rige por el viejo código minero en el que el primero que llegaba se adjudicaba el derecho y del que se mantenen ciertas prerrogativas en la asignación. El primer paso que ha dado la Junta Estatal de Control de Recursos Hidráulicos es comenzar a requerir registros anuales y documentación de los derechos históricos para la asignación de cupos de agua.
El derecho sobre el agua se transmite con el de la tierra en caso de venta, ofreciendo una base viable para establecer un sistema de comercio al establecer un derecho de propiedad. La jurisprudencia reconoce que los agricultores no pierden su derecho si venden los excedentes de agua, pero algunos potenciales vendedores siguen recelosos y la junta debe precisar la cantidad que tienen derecho a vender porque los “bonos de agua” son muy superiores a lo existente, incluso en años sin sequía. También es necesario eliminar obstáculos físicos para comerciar con el agua, que queda “estancada” en el norte del estado porque es difícil moverla hacia el sur más allá del delta de los ríos Sacramento y San Joaquín, el gran estuario de la bahía de San Francisco. Pese a que existen planes para desviar el agua a través de túneles, el alto costo y el impacto medioambiental mantienen los proyectos en cartera. Además, los distritos de riego controlados por intereses agrícolas rechazan la venta de agua a las ciudades, aunque haya agricultores dispuestos, ya que temen perder su fuente de recursos. Esto hace que el sistema no avance y que actualmente sólo se negocie 5% del agua del estado.
Si el agua de California fuera “totalmente líquida”, habría un flujo mayor hacia las áreas urbanas y menor hacia la agricultura, que genera el 1,5% del PIB del estado pero utiliza 80% del agua, y se requerirían menos plantas de desalinización como la que se va a construir en San Diego por US$ 1.000 millones.
El ejemplo de Australia, donde el agua se comercializa de forma similar a las acciones, con fijación pública de precios y transacciones en un día, podría servir de ejemplo a EEUU. Las asignaciones, además, se basan en una parte del agua disponible, no en cantidades fijas poco realistas. Y los agricultores han cambiado hacia cultivos de alto valor, como son los viñedos, los frutales o los tomates, y han dejado de lado los que demandan mucha agua pero se venden a bajos precios, como el maíz y la alfalfa.
Según Mike Young, de la Universidad de Adelaide, el mercado en Australia fue posible cuando los agricultores optaron por derechos de agua simplificados y dejaron atrás sus viejas rencillas. “EEUU es el hogar de la libre empresa. El que no haya un mercado de agua significa que los acuerdos institucionales están mal”.
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