Carlos Arce: “No vieron la rápida evolución del mercado del litio en el mundo”
Según diversas informaciones, el litio, elemento del que Bolivia posee una de las mayores reservas del planeta, ingresó en una etapa de auge. El reconocido economista e investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) Carlos Arce Vargas conversó con OH! sobre los planes nacionales para explotar dicho recurso.
—Hubo un salto notable, 600 por ciento en siete meses, en la cotización del carbonato de litio, abundan estudios y reportajes internacionales sobre el tema… ¿Llegó el boom del litio?
—Hay un escenario global que plantea las posibilidades de una transición energética. Está básicamente dirigida a incrementar el uso de la electricidad y a abandonar los fósiles. En ese camino es importante el litio porque constituye el principal elemento de las baterías, especialmente en la producción de automóviles eléctricos. También ya hay grandes estaciones de energía eléctrica acumulada en grandes baterías. Sin embargo, surgió un escenario, por la pandemia y la guerra, que pone algunos factores de riesgo a esta transición.
Era una transición que estaba muy alentada por los organismos internacionales y en las proyecciones. No olvidemos que varios países ya se plantearon la meta de las cero emisiones en el año 2050. En ese camino también aprobaron la prohibición de la producción y circulación de automóviles impulsados por energías fósiles para dentro de unos años. Sin embargo, ese entusiasmo se moderó un poco por las nuevas condiciones que se presentaron.
Son condiciones que tienen que ver, primero, con la posibilidad de una recesión mundial, sobre todo, en los países centrales. A ella se suma la inflación, es decir, surge un escenario de estanflación, parecido al de los años 70. Y la crisis, incrementada por la guerra, se está produciendo en el sector de energía. Entonces, la respuesta de los países, pese a tener planes de transición, fue impulsar el retorno, incluso, a producciones más contaminantes, como el carbón. Esto elevó mucho el riesgo para impulsar las nuevas tecnologías y bajó el entusiasmo cuanto a que el mercado del litio explote como se esperaba.
—En 2015, el gerente de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), Luis Echazú, adelantaba que para estos años estaríamos exportando miles de toneladas de carbonato de litio. Pero, pese a aquellas tan alentadoras previsiones y una inversión de más de 800 millones de dólares, no hay casi nada. ¿Qué pasó en Bolivia con la iniciativa para explotar el litio?
—Es una situación muy particular. Hasta el año 2018, se informaba que estaba todo funcionando. Se decía que se habían superado los grandes problemas relacionados fundamentalmente con el retraso tecnológico, con las dificultades técnicas derivadas de la primera fase del proceso. Ésta era la investigación para encontrar un método propio, inventar un método nacional boliviano. En ese marco, ya se estaban contratando las empresas para instalar una planta para la producción masiva de carbonato de litio.
Sin embargo, en 2018 se firma un acuerdo con una empresa alemana. Esto revela que, en realidad, los resultados no eran buenos al aplicar ese método nacional boliviano. Es un método basado en una forma tradicional de evaporación de los salares que permite sacar este carbonato de litio. Al parecer, los resultados no eran buenos ni en la cantidad de recuperación de las salmueras ni de la calidad del carbonato que debía obtenerse. En ese momento, y hasta hoy, en una planta piloto, toda la producción que se obtuvo es un carbonato de litio de grado técnico.
No es un grado batería; el grado batería está por encima del 99,5 por ciento de pureza. Ese grado acá sólo pudo obtenerse en laboratorio y en muy pequeñas cantidades que luego fueron pasadas a la planta experimental de baterías. Entonces, por ese motivo, aparece este cambio en la orientación del proyecto inicial y se busca un socio extranjero. Un socio alemán que produciría otro producto del litio, hidróxido de litio, a partir de la salmuera residual que quedaba luego de producido el carbonato. Ese acuerdo lo hicieron en 2019. El Gobierno dijo que estaba asegurando mercado, financiamiento, tecnología, etc., pero al final se acabó anulando ese convenio.
—Una señal de que había fallas importantes, y seguramente la producción, a esas alturas, era mínima, ¿no es cierto?
—Estaba revelando las dificultades de todo el proceso inicial, del diseño inicial, que era producir carbonato. Actualmente, estamos produciendo sólo en esa planta piloto. El máximo nivel habría llegado a 540 toneladas de este carbonato de litio de grado técnico solamente en el año 2021. Hay un cambio de orientación en 2019, nos muestran que de ahí van a incorporar una inversión privada.
Hacen unos juegos normativos de regulación con decretos y leyes. De modo que ya entra o iba a entrar una empresa y capital extranjero a una fase que es todavía básica. Es la fase de sales básicas como es también el hidróxido de litio. Pero ellos le llaman ya acuerdo industrial.
—Luego vino el shock por la crisis política del cambio de gobierno de 2019 y 2020. ¿Cómo ha retomado el proyecto el nuevo gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS)? ¿Buscó salir de su estancamiento?
—Hoy hay un nuevo cambio todavía más radical que es la extracción directa de litio (EDL), es incorporar una nueva tecnología. Lo que no se reconocía cuando se hizo el acuerdo con los alemanes hoy se lo hace abiertamente. Se dice: el anterior método es un método que tarda muchísimo tiempo, es un método cuya tasa de recuperación del litio es muy baja, contamina más, usa más agua, etc. Por tanto, realizan una convocatoria internacional para traer empresas que hagan un experimento de tecnologías de extracción directa de litio.
Es algo que acabó recién hace un mes aproximadamente con la elección de estas seis empresas. Dicen que las van a invitar para ver cómo se puede implementar plantas de producción de litio, de carbonato de litio, de hidróxido, etc. Son empresas extranjeras que tendrían que entrar inclusive a la primera fase, porque en el acuerdo con los alemanes un poco se escondía la cosa. Se decía que no iban a entrar a los salares, sino que iban a usar unas salmueras residuales, “las sobras”, digamos.
Entonces no estarían yendo en contra de la Ley de Minería, en contra de la Constitución Política, en contra del mismo proyecto, etc. Pero ahora dicen que van a entrar a la salmuera directamente, porque es extracción directa desde la salmuera. Entonces ahí también se enfrenta además en un cambio de que el proyecto iba a ser 100 por ciento nacional. Ahora ya no, pero además necesitarían unos cambios legales para que pueda entrar inversión privada a la fase inicial.
—¿De esa inversión que hubo antes del 2018 ha cristalizado algo valioso o prácticamente fue un derroche de dinero?
—Hay un problema esencial, es el tipo de salmuera que tenemos en Bolivia. De hecho, informes de Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) consideran que la producción boliviana, por el tipo de salmuera, es casi imposible que sea rentable. Obviamente tienen un interés, por ser competidores, pero es conocido que nuestras salmueras tienen mucha presencia de otros elementos como magnesio, potasio, sodio, etc. Son elementos que hacen muy difícil aislar el litio. La discusión ha sido qué método sería el que se debe usar, Bolivia no tiene capacidad tecnológica.
Echazú decía que hemos partido de cero en tecnología, y es efectivamente así. No hay capacidad, no había personal formado, no había una infraestructura de ciencia y tecnología, etc. Este proceso se lo tomó como un proceso nacionalista, digamos, para crear una propia metodología. Pero con grandes dificultades y un poco alentados por una autosatisfacción del mismo Gobierno para decir: “Nosotros tenemos la reserva más grande del mundo“.
Cuando empiezan, por ejemplo, el año 2010, ellos hablan de una reserva de 100 millones de toneladas de litio, en el salar de Uyuni solamente. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), en 2013, decía que en el mundo había 13 millones de toneladas. Entonces, con 100 millones, íbamos a ser la niña mimada, la dirimidora. Así decía Evo Morales: “Vamos a definir el precio, vamos a definir el mercado”, etc. Echazú mismo decía: “Como tenemos tanto, podemos darnos un poco más de tiempo”. No vieron la evolución tan rápida del mercado del litio en el mundo, se alentaba ese quietismo, se quiso seguir con ese método.
—¿No fueron alertados por otros expertos? ¿No hubo intentos de salir de ese letargo?
—Muchos técnicos han alertado de que no era lo más factible, que debería buscar otros métodos. El Gobierno intentó muchas veces hacer contacto con otras empresas. Hay convenios con Japón, con Alemania y una serie de experimentos que han pasado casi desapercibidos. Pero, al final, el Gobierno decidió hacer este proyecto con este método y, bueno, así nos ha ido.
Yo diría que no es a fondo perdido la infraestructura que se ha construido. De hecho, se está produciendo masivamente cloruro de potasio, aunque con niveles bajos de un 40 por ciento de capacidad de la planta aproximadamente. Es una cadena de piscinas de evaporación y en ciertas fases ya se van sacando ciertos productos. El cloruro de potasio, como ingreso, ahorita es más importante que el litio porque el litio apenas es experimental. Son 886 millones de dólares que le autorizó la Ley de Préstamo del Banco Central. De ese total, 780 millones ya se han desembolsado para estas inversiones nacionales.
—Frente a ese panorama, ¿qué tanto han avanzado Argentina y Chile con la explotación de sus reservas de litio?
—Argentina y Chile han avanzado muchísimo. Chile pasó de primer a segundo productor mundial, ahora le gana Australia, con otro tipo de reservas, en ese mercado. Sin embargo, en el curso de más o menos unos cinco a seis años, han aumentado una capacidad de producción de más de 70 por ciento. La diferencia es obvia, allá se ha abierto a la inversión extranjera, hay una serie de ventajas tributarias, etc. y obviamente los ingresos para el país son menores.
Creo que, en el caso nuestro, la mayoría de los bolivianos estamos de acuerdo en que esto sea manejado por el Estado boliviano. Queremos que la mayor parte de los ingresos correspondan al Estado, etc. Pero para eso tiene que funcionar. Y el gran problema es la tecnología y la mirada de las grandes corrientes económicas que se dan en el mundo. No se puede dejar de ver eso.
—En caso de que las nuevas medidas en curso resulten exitosas, ¿más o menos cuándo Bolivia podría ingresar sólidamente en el mercado del litio?
—La información en todos estos procesos es muy escueta, muy contradictoria, parcial, etc. Lo único que tenemos como información pública es el resultado con el nombre de las seis empresas, una de EEUU, cuatro de China y una rusa. No sabemos cuáles son las condiciones. Dicen que la tecnología sirve, que han probado que se tiene tasas muy altas de 80 a 90 por ciento de recuperación de litio. Pero habría que ver las condiciones.
Han estado en Uyuni, han sacado muestras, una inclusive ha trabajado ahí, entonces es posible que sean mucho más útiles. Pero los cambios van a tener que ser importantes. El Gobierno ya no hablará más del 100 por ciento nacional del proyecto, sino será una empresa mixta. Habrá que ver cuál es la respuesta de la ciudadanía de las regiones, etc. Eso puede traer todavía un retraso. Y en el caso del carbonato, a la otra planta le falta para funcionar, todavía a fines para el próximo año con la entrega de una planta adicional. Entonces yo creo que en el corto plazo no hay posibilidades que entremos a ser jugadores en el mercado de la producción del litio.
—Con tantas experiencias históricas que tenemos, ¿qué opina sobre las consecuencias ambientales, sociales, económicas que se debe tener en cuenta?
—Sí, hay cosas que han quedado pendientes. Por ejemplo, en el proyecto inicial del carbonato que sigue corriendo, la planta industrial que entregarán los chinos no se conocen los impactos ambientales. Con la planta de agua que suma ese escándalo famoso de los hijos del Presidente, vuelve a plantearse un asunto: ¿por qué no se conoce los impactos reales de la producción de ese tipo de tecnología? Esta planta, dice en sus documentos de contratación, utilizaría como 80 litros por segundo de agua. Es más de lo que, cotidianamente, por ejemplo, se consume por persona en La Paz, son volúmenes de agua enormes.
Y se están lanzando los nuevos proyectos aunque nos dicen que van a ser menos contaminantes, etc. Pero tampoco sabemos cuáles son las características, peor aún cuáles serán las posibilidades de resultados financieros para el país en términos de regalías, ingresos, etc., aunque el 51 por ciento debería asegurarse como propiedad y como utilidades de las empresas que podrían venir a establecerse. De todos modos, hay que ver cuánto costarán estas tecnologías.
No sabemos todavía bajo qué condiciones estarían dispuestas estas seis empresas a incorporar una tecnología muy nueva. El Gobierno siempre se lanza con estas cosas. Vamos a hacer seis plantas, dice el ministro Franklin Molina. Dice que vamos a tener, en cada una, 50 mil toneladas de litio, es decir, como 300 mil toneladas de litio de producción. Esa es la cantidad que tiene actualmente Chile. Es muy difícil de averiguar y de conocer.
Publicado en: Los Tiempos