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Energía Bolivia • La aplicación de la bioeconomía AFECTARÁ A LOS COMBUSTIBLES FÓSILES

La aparición del COVID-19 ha llegado acompañada de nuevos términos, de nuevos retos y desafíos, como si hubiera estado planificada desde hace tiempo y a la espera de posicionar nuevos modos de vida

La bioeconomía, irrumpe como un nuevo concepto y una forma diferente de hacer las cosas, precisamente en tiempos de la mayor pandemia que está enfrentando la humanidad. Se presenta como “la producción, utilización y conservación de recursos biológicos, incluidos los conocimientos, la ciencia, la tecnología y la innovación relacionados, para proporcionar información, productos, procesos y servicios en todos los sectores económicos, con el propósito de avanzar hacia una economía sostenible.”

Los expertos que la sustentan aseguran que, como la base material de la bioeconomía son los recursos biológicos; esta se convierte en una alternativa real para la descarbonización fósil de la economía y puede desempeñar un rol fundamental en la acción climática, en línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) No. 13, centrado en combatir el cambio climático y los compromisos establecidos en el Acuerdo de París.

De esta forma, dejan claro que la bioeconomía es un proceso de transformación social dinámico y complejo, que exige una perspectiva de política a largo plazo; los países pueden definir sus bioeconomías en función de sus realidades y capacidades nacionales, así como sus elementos programáticos.

LA PRODUCCIÓN SOSTENIBLE

La CEPAL sostiene que la bioeconomía se relaciona con la producción sostenible de alimentos saludables y con la intensificación sostenible de la producción agropecuaria; por lo tanto, puede contribuir al ODS No. 2 (mediante la producción sostenible de alimentos), al ODS No. 3 (vidas saludables) y al ODS No. 15 (protección de ecosistemas terrestres).

Parece estar claro que la bioeconomía promueve son nuevos modelos productivos como biorrefinerías y bioindustria que permiten el desarrollo de nuevos productos que pueden ser utilizados como insumos por otros sectores productivos (por ejemplo, biomateriales para la construcción, bioinsumos para la agricultura, enzimas para la industria), para sustituir productos derivados de la petroquímica (por ejemplo, bioenergía, biofertilizantes, bioplásticos), o para satisfacer nuevas demandas por parte de los consumidores (por ejemplo, alimentos funcionales, biocosméticos).

Es decir, en lugar de producir plástico y fertilizantes a partir de los hidrocarburos, se podrá producir estos productos a partir de recursos biológicos, en la línea, dicen de descarbornizar el planeta.

“Por lo tanto, además de su contribución al ODS No. 2 (producción sostenible de alimentos), la bioeconomía puede ser también instrumental para el logro del ODS No. 7 (energía sostenible y accesible para todos), del ODS No. 8 (nuevas fuentes de trabajo decente y desarrollo económico sostenible) y del ODS No. 9 (industria e innovación)”, sostiene la CEPAL que tras la pandemia ofrece una cantidad significativa de material para atender la pandemia y sus peculiariades así como sus derivaciones.

ECONOMÍA CIRCULAR

En estos tiempos de cambios dramáticos la CEPAL señala en el documento denominado Hacia una bioeconomía sostenible en América Latina y el Caribe, que la bioeconomía promueve sistemas de producción de economía circular, mediante la utilización productiva de la biomasa de desecho derivada de procesos de producción y consumo; afirmando que, por lo tanto, la bioeconomía puede contribuir al logro de la producción y consumo responsables así como al fortalecimiento de ciudades y comunidades sostenibles.

Según el documento mencionado, el concepto de economía circular, acuñado como parte de esta nueva normalidad, está casado con desarrollar productos y sistemas replicando procesos y sistemas observados en la naturaleza. Los expertos del documento dicen que ello puede dar lugar al desarrollo de nuevas cadenas de valor consistentes con el impulso a la industria e innovación; al uso sostenible de la biodiversidad submarina y al uso sostenible de la biodiversidad terrestre.

“…la construcción de la bioeconomía es un proceso que dejará perdedores…”

“La bioeconomía también abarca el desarrollo de alternativas de biorremediación para enfrentar problemas de contaminación ambiental, por ejemplo, para la recuperación de suelos degradados o contaminados y para el tratamiento de aguas para consumo humano y de aguas de desecho”, precisa.

Según la lectura cepalina, una visión regional sobre bioeconomía en América Latina y el Caribe podría erigirse sobre los siguientes cuatro pilares (diagrama 1): i) Promover el desarrollo sostenible, teniendo como marco de referencia la Agenda 2030; ii) Promover la acción climática;iii) Promover la inclusión social y la reducción de las brechas territoriales de desarrollo al interior de los países; iv) Promover procesos de innovación que contribuyan a la diversificación de las economías y a generar nuevas cadenas de valor, especialmente de aquellas que contribuyen al desarrollo regional, se ubican en segmentos de mercado de alto crecimiento, o brinden oportunidades a los jóvenes y a las mujeres.

El documento sostiene que una visión regional de la bioeconomía en ALC podría contemplar al menos los siguientes factores estructurales: la megadiversidad de la región, el alto potencial para la producción de biomasa; la disponibilidad de grandes cantidades de biomasa; superar la dicotomía entre agricultura e industria; y, enfrentar los retos de la diversificación productiva y del cambio estructural.

En resumen, señala que la bioeconomía es una estrategia para el crecimiento con desacople de emisiones, dado el rol central que ella tiene en la acción climática, en particular, como estrategia para transitar a una economía post-recursos fósiles.

De esta forma, indica que la construcción de la bioeconomía es un proceso que dejará perdedores (por ejemplo, en la economía de combustibles fósiles) y ganadores (por ejemplo, en nuevas cadenas de valor basadas en la biodiversidad y el aprovechamiento de residuos) y corresponderá a cada país qué decisiones tomar para gestionar el equilibrio.

“Los países (individual o multilateralmente) deberán decidir cómo incluir la dimensión ambiental e internalizar los costos y las externalidades en cualquier decisión nacional o internacional adoptada al respecto”, recomienda.

“…superar la dicotomía entre agricultura e industria; y, enfrentar los retos de la diversificación productiva…”

Fuente: Energía Bolivia

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