China renegocia con Venezuela créditos por importe de 65.000 millones de dólares

ICNR.  El Gobierno de China renegocia con Caracas los vencimientos de créditos cuyo importe total de acuerdo con la base de datos The Dialogue es de 65.000 millones de dólares. Esa deuda agrupa a créditos muy diversos pero cuya característica es estar avalados por materias primas, fundamentalmente crudo, aunque uno de ellos esta referido a la producción de oro, y todos ellos se pagan contra los ingresos de las ventas de petróleo. Lo llamativo de esta renegociación, en la que Pekín tiene un profundo interés, es que los acreedores han mantenido contactos con la oposición parlamentaria al Gobierno de Nicolás Maduro. Un miembro de la Comisión de Finanzas del Congreso, José Guerra, confirmó que algunos miembros de los grupos parlamentarios opositores que tienen mayoría enfrentados al Gobierno habían mantenido contactos con los acreedores chinos.

Las fuentes afirman que Pekín pretende obtener garantías no solo de la oposición sino mediante un voto del Congreso, de que, en caso que el Gobierno de Maduro sea depuesto por el referendo revocatorio exigido por la oposición “o por otras circunstancias”, sus derechos como acreedor serán respetados y las deudas honradas. China ha mantenido a lo largo de años una relación de proximidad con Venezuela bajo los mandatos del difunto presidente Hugo Chávez y esa relación se interpretó en medios diplomáticos como una forma de contrapeso en América Latina frente a la hegemonía de los intereses estadounidenses en la región.En febrero pasado, Caracas pagó un vencimiento de 1.500 millones de dólares apelando a las reservas de divisas y oro del país en condiciones en las que tiene una escasez aguda de moneda fuerte para hacer frente a las importaciones de alimentos necesarios para el consumo interno de la población que padece una escasez de productos de primera necesidad. Las tensiones internas se han reflejado en el ascenso de la oposición que tiene mayoría en el congreso de los diputados. A comienzos de este año el Banco Central afirmó que la inflación en 2015 había alcanzado al 180,9% y la economía se había encogido el 5,7%. El Fondo Monetario Internacional (FMI), que carece de información sobre el terreno de Venezuela desde el 2004 cuando debió suspender la confección de su informe anual sobre la economía del país por las divergencias con Caracas sobre política económica y el acceso a sus datos económicos de forma independiente, considera que el producto interior bruto del país va a retroceder este año un 8% y la inflación superará el 400%. Los vencimientos de deuda del país este año se calculan en unos 10.000 millones de dólares.

De acuerdo con fuentes de medios financieros, una reestructuración de la deuda de Venezuela con China podría liberar recursos monetarios equivalentes a 650.000 barriles de crudo al día, lo que supone unos 900 millones de dólares al mes. La cifra podría aliviar de forma considerable la factura alimenticia que Caracas debe pagar por el déficit de producción doméstica de alimentos y elementos de primera necesidad.  La posición de Pekín como acreedor de naciones emergentes y en desarrollo ricas en materias primas es significativa entre otras cosas porque el Gobierno de China ha buscado desarrollar lazos con esos países en varios continentes como forma de asegurarse fuentes diversas de materias primas desde el carbón y el hierro hasta el petróleo.

Pero la caída del precio de las materias primas ha creado un clima de incertidumbre creciente porque el flujo de los ingresos de sus deudores, que se basa precisamente en la exportación de esos productos, ha caído en la misma proporción que el precio de las exportaciones. En este cuadro Pekín tiene interés en evitar una suspensión de pagos y considera que una reestructuración de deuda es mejor que el precedente de un impago con un país proveedor de materias primas. Pero al mismo tiempo que esto es así China espera obtener garantías de pago, sobre todo teniendo en cuenta la fragilidad que muestra el gobierno de Maduro y la fuerza creciente de la oposición.

Entretanto, los fondos de alto riesgo se han dedicado a comprar bonos de deuda venezolana con fecha de emisión anterior a 2003. El motivo de esta preferencia es que en las emisiones anteriores, en particular las que van hasta 1997, carecen de clausulas restrictivas respecto del acuerdo de acreedores para la reestructuración de la deuda. En las emisiones anteriores a 2003 no hay clausula de acción colectiva estableciendo que con el voto de un determinado porcentaje de acreedores se puede llevar adelante el acuerdo.

Las viejas emisiones exigen el acuerdo de todos los acreedores y además cuenta con clausulas pari passu que determinan que no se pueden establecer diferencias en el pago a los acreedores. Es el caso de la reestructuración de la deuda en bonos de Argentina que debió pagar a los acreedores que no acudieron al acuerdo posterior a la crisis de 2001 establecido bajo el gobierno de Néstor Kirchner. Las emisiones venezolanas a partir de 2003 consideran suficiente en algunos casos el voto del 75% de los acreedores y en otros el voto del 85%. Las diferencias son visibles en materia de precios de mercado que valoran a esas emisiones muy por encima de las anteriores.

En algunos casos incluso las emisiones posteriores a 2003 tienen cláusulas pari passu modificadas que en cierta medida pueden neutralizar la capacidad de los acreedores reticentes a una reestructuración para exigir el pago completo. Estos detalles contractuales hacen que los fondos que esperan lucrar con una eventual suspensión de pagos de Venezuela, muy esperada en los mercados financieros, se hayan concentrado en las emisiones anteriores a 2003. La importancia de un acuerdo con China está directamente relacionada con la posibilidad de que una suspensión de pagos se haga menos inminente de lo que los mercados financieros consideran posible.

Fuente: ICNR