Usted está aquí

El dragón chino vs. el elefante indio: geopolítica asiática en el siglo XXI

 

La frase original de Sir Halford Mackinder es “Quién controle Europa del Este…”, pero los últimos cuarenta años han visto el centro de gravedad del poder político y económico moverse lentamente hacia el Asia Pacífico. Ya en 1997, un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) señalaba que desde 1978 la República Popular China (RPC) había tenido un crecimiento real promedio de más del 9% anual y que su ingreso per cápita se había cuadruplicado. El mismo estudio predecía que la economía china sería mayor que la de los Estados Unidos en unos 20 años (2017). Asimismo, mencionaba que este crecimiento había sido superior al de los “tigres asiáticos” —Hong Kong, Corea, Singapur y Taiwán— que, como grupo, había tenido una tasa de crecimiento promedio entre 7% y 8% en el mismo período. En ese sentido, la afirmación de Mackinder puede ser modificada para afirmar que “Quien controle Asía del Este … dominará el mundo”. Por eso es que no dejar que alguien controle el “pivote del mundo” sigue siendo uno de los principales paradigmas de la política internacional de los Estados Unidos, así como lo fue para los británicos a lo largo de varios siglos.

Al igual que todas las potencias emergentes de la historia universal, un crecimiento económico sostenido viene eventualmente acompañado de un deseo por ejercer mayor influencia en el sistema internacional. Durante mi estadía en Ginebra fui testigo de este cambio de actitud de China. Cuando llegué a Ginebra en el 2002, los representantes de la RPC participaban casi siempre silenciosamente en todas las reuniones de los organismos internacionales con sede en la ciudad suiza. Cuando partí de Ginebra en el 2007, tomaban la palabra en todas las reuniones y hacían valer sus puntos de vista. Ejercían sus nuevamente adquiridos poderes político y económico y defendían sus intereses geopolíticos y geoeconómicos, enfrentándose a los Estados Unidos y los países europeos cuando lo consideraban necesario. El pivote del mundo estaba moviéndose nuevamente hacia al oriente.

El partido Congreso Nacional Indio —que dominó la política de la India durante las primeras cinco décadas de independencia— ganó las elecciones de 1991 y su líder, Narasimha Rao, fue designado primer ministro. A partir de ese momento y a lo largo de dos décadas y los sucesivos gobiernos de Narasimha Rao, Inder Kumar Gujral, Atal Behari Vajpayee y Manmohan Singh, la India logró, a través de una paciente y compleja labor política y diplomática, establecerse como un actor importante en el sistema internacional. Sin embargo, a diferencia de China, no contaba con los medios económicos necesarios para proyectar su poder más allá de una limitada área geográfica. A partir del 2000 y debido a importantes reformas estructurales, la economía india ha logrado crecer a un ritmo promedio anual de 7%. A este ritmo, la economía india alcanzará eventualmente sus ambiciones políticas.

A pesar de sus limitantes económicas, la India había logrado alcanzar un grado de seguridad importante en sus relaciones internacionales. Sus nexos con los Estados Unidos y la Unión Europea se fortalecían día a día, en parte debido a vínculos económicos cada vez más estrechos. La cooperación estratégica con China y Rusia, en el marco de los BRICS, le había permitido adquirir un estatus propio en el orden global de la posguerra fría. La tensión con Pakistán había disminuido. Pero las relaciones entre ambos gigantes asiáticos eran (y siguen siendo) desiguales; el poderío económico, militar y político de China es superior.

En el 2014, el partido Bharatiya Janata (BJP) gana las elecciones generales en la India y desecha paulatinamente la estructura de seguridad construida por sus antecesores a lo largo de dos décadas, para reemplazarla por un alineamiento casi absoluto a la estrategia asiática de los Estados Unidos —o por lo menos de los Estados Unidos hasta Barack Obama. Las relaciones con China han vuelto a ser tensas. El 3 de marzo pasado, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino advirtió a la India que no debe permitir que el Dalai Lama realice una visita de diez días al monasterio de Tawang, a partir del 4 de abril próximo. En dicha ocasión, el portavoz de dicho ministerio señaló que “China está gravemente preocupada por la información de que la India ha concedido permiso al Dalai Lama para visitar Arunachal Pradesh … Una invitación a visitar el mencionado territorio causaría graves daños a la paz y la estabilidad de la región fronteriza y a las relaciones China-India… Instamos a la India a cumplir con sus compromisos políticos y respetar el importante consenso alcanzado por las dos partes sobre la cuestión de los límites … (y) no proporcionar una plataforma a la camarilla del Dalai Lama y proteger el sólido y estable desarrollo de las relaciones sino-indias “.

Cabe recordar que después de su independencia en 1947, la India no sólo heredó algunos territorios chinos ocupados por los británicos, sino empujó su frontera hacia el norte. En este aspecto, China tiene dos reivindicaciones territoriales principales. La primera está en el sector occidental del Tíbet, donde la India reclamó como suyas las áreas de Aksai Chin en 1959; son 33,000 kilómetros cuadrados que China considera como pertenecientes a la Región Autónoma Uygur de Xinjiang. La segunda está en el sector oriental, en un área designada por la India como Arunachal Pradesh, basando su reclamo en la Línea McMahon, ocupando 90,000 kilómetros cuadrados de un territorio que China considera como suyos. La Línea McMahon es una línea acordada por el Reino Unido y Tíbet como parte del Acuerdo de Simla de 1914. China rechaza este tratado, alegando que el gobierno tibetano no era soberano y, por lo tanto, no tenía la capacidad para suscribir acuerdos internacionales.

En diplomacia, las palabras tienen un peso específico y son escogidas con sumo cuidado para transmitir un mensaje que va más allá de su sentido meramente gramatical. Por lo tanto, es necesario analizar las palabras del portavoz chino en el mensaje sobre la visita del Dalai Lama. Una grave preocupación no es un ultimátum, pero está a medio camino. Este concepto es reforzado por la advertencia de que su visita causaría “graves daños a la paz y la estabilidad de la región fronteriza”. “Grave” significa en este contexto “irreparable”. El uso por parte del portavoz de la frase “paz y estabilidad de la región fronteriza” también es una advertencia velada porque es el título exacto del acuerdo de 1993 firmado durante la visita a China del entonces primer ministro indio, Narasimha Rao, que constituye el cimiento de las relaciones sino-indias. En ese sentido, China ha enviado una advertencia: si la India insiste en permitir que el Dalai Lama visite Tawang, considerará que el espíritu del acuerdo de 1993 ha sido violado por la India.

Sin embargo, el uso de la frase “información que India ha concedido” es conciliatorio, a pesar que Beijing sabe perfectamente que el primer ministro Narendra Modi aprobó la visita del Dalai Lama a Tawang el 27 de octubre del año pasado. La referencia del portavoz chino a la zona disputada como Arunachal Pradesh y “el territorio mencionado” —evitando cuidadosamente el término utilizado por la RPC hasta el 2009: “Tíbet del sur”— así como al “consenso importante sobre la cuestión fronteriza”, indican claramente que China preferiría limitar sus diferencias con la India a una zona específica del Himalaya. Bajo los reclamos históricos chinos, bien podría abarcar la totalidad de los 140,000 kilómetros cuadrados del territorio de Arunachal Pradesh.

Lamentablemente, el Ministerio de Relaciones Exteriores indio no tuvo la oportunidad de responder a la apertura china. El Ministro del Interior de ese país, Kiren Rijiju, declaró que el Dalai Lama no sólo visitaría Tawang, sino que él, como budista practicante, lo recibiría personalmente. Al igual que la sentencia del Tribunal de La Haya sobre el Mar de China meridional, China ahora sólo tiene dos opciones: reafirmarse en lo dicho o retroceder.

¿Qué hará la República Popular China?

Para la mayoría de políticos indios, el actual pronunciamiento chino no es más que una objeción “pro-forma”, similar a la que hace cada vez que un presidente o primer ministro indio visita Arunachal Pradesh o el Dalai Lama se reúne con uno de ellos. La lógica de esta argumentación es que China desea mantener abierta la cuestión fronteriza hasta lograr un acuerdo formal.

Esta lógica se basa en lo sucedido en el 2009, cuando una solicitud del Dalai Lama para visitar Tawang a fin de inaugurar un hospital había provocado una serie de objeciones por parte de Beijing, y las consecuentes afirmaciones de soberanía de Nueva Delhi. Rápidamente, el episodio se convirtió en una guerra de palabras, transformando la inminente visita del Dalai Lama en una disputa internacional. Un nuevo conflicto en el Himalaya parecía inminente, pero el entonces primer ministro chino, Wen Jiabao, hizo algo sin precedentes y pidió reunirse con su homólogo indio, Manmohan Singh, en el marco de APEC en Hua Hin (Tailandia) a fin de resolver el asunto de manera pacífica.

Las revelaciones posteriores señalaron que el principal objetivo de los chinos era que la disputa fronteriza, un legado de la historia colonial, tuviese una muerte natural cuando las relaciones entre ambos países se profundizasen. Por lo tanto, los indios aceptaron que la mejor manera de resolver el conflicto era mantener a todos los medios internacionales e indios fuera de Tawang, transformando así la visita del Dalai Lama en un acto estrictamente privado, llevado a cabo en su capacidad de líder religioso. Dejaba de tener un significado político.

La situación actual es muy diferente. En los últimos 26 meses, el primer ministro indio, Narendra Modi, ha abandonado la “política de equidistancia” de sus cuatro antecesores, convirtiendo a la India en un aliado militar y diplomático de los Estados Unidos. Para China, esto ha transformado a la India en un adversario, en vez de un país con ideas afines y opuesto al intento de los Estados Unidos de crear un mundo unipolar post-guerra fría.

Este cambio de rumbo indio fue repentino y tuvo lugar poco tiempo después de la visita de Estado del presidente Xi Jinping a la India, en septiembre del 2014. Una primera manifestación fue el remplazo del ministro de Relaciones Exteriores, Sujata Singh, por Subrahmanyam Jaishankar, luego de la visita del primer ministro Modi a Washington. En enero del 2015, el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, visitó la India y suscribió la “Visión estratégica conjunta de los Estados Unidos y la India para el Asia-Pacífico y la región del Océano Índico”, cuya única cláusula operativa estaba diseñada para contrarrestar la afirmación de hegemonía china en el Mar de China meridional.

Esto no impidió que el gobierno chino reciba a Modi durante su visita de Estado en mayo del 2015. Desde entonces, la relación se ha complicado: el gobierno de Modi ha suscrito tres acuerdos de cooperación militar con los Estados Unidos. Para efectos prácticos, la India es ahora un aliado de los Estados Unidos. Modi emitió una segunda declaración conjunta con Obama en junio del 2016 afirmando la intención de la India de elaborar “un plan para implementar la visión estratégica conjunta que servirá de guía para la cooperación bilateral en los próximos años”.

La intensidad de la respuesta china ha sido progresiva. En primer lugar, China ignoró las objeciones de la India a la construcción de un corredor hacia Gwadar a través de Gilgit y le advirtió que no intente impedirlo. Tampoco ha permitido que la India ingrese al Grupo de Proveedores Nucleares, así como ha rechazado cualquier intento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para declarar a Masood Azhar y Hafez Sayeed como terroristas internacionales. Ha incrementado la frecuencia de sus incursiones submarinas en la Bahía de Bengala, así como ha enviado deliberadamente su mejor submarino nuclear a visitar Karachi, Pakistán. Cuando los países BRICS se reunieron en Goa en octubre del 2016, su declaración de Delhi de 2012, que sentó las bases para la cooperación estratégica entre China, Rusia e India, había sido vaciada de todo contenido.

Para China, la relación con Pakistán cumple diversos objetivos estratégicos. En primer lugar, logra mantener feliz a su aliado, Pakistán, cuyas buenas relaciones con los países de Asia Central son útiles para China. La iniciativa de la Nueva ruta de la seda y el corredor que China desea construir para unirla con los países de Asia Central necesita el apoyo de Pakistán para contrarrestar el eje India-Afganistán. Asimismo, obtiene el apoyo de Pakistán en agrupaciones como el Movimiento No Alineado, al que no pertenece la RPC, y la Organización para la Cooperación Islámica (OCI); por ejemplo, Pakistán ha apoyado a China en la OCI con respecto a la comunidad musulmana Uyghur en el oeste de China. En segundo lugar, el apoyo chino a Pakistán permite mantener vivo el conflicto en el Kashmir y por lo tanto distraer a la India; un eventual acuerdo entre ambos permitiría fortalecer la posición de la India frente a la RPC. China también está aprovechando las complicadas relaciones entre la India y Nepal para distraer al gobierno de Modi. Todos estos eventos le permiten a China mostrar a la India el costo de sus relaciones más estrechas con los Estados Unidos, cuya “política de pivote hacia el Asia” pretende marginar a la RPC en el Sudeste Asiático. Esto también explica la presión que China viene ejerciendo últimamente sobre los países de la ASEAN.

Si no fuese por las acciones tomadas por el gobierno indio en el último año, hubiese sido posible imaginar que India y China mantengan algo parecido a la paz helada de los años posteriores al conflicto de 1962. Sin embargo, la secuencia de acciones que el gobierno indio viene tomando en Arunachal Pradesh desde abril de 2016 son cada vez más difíciles de ignorar por parte de China. ¿Será que el establecimiento de la Pax Sínica implica un nuevo conflicto en el Himalaya?

http://semanaeconomica.com/haciaasia/2017/03/27/el-dragon-y-el-elefante-...

Categorías: 

Tipo de registro: 

 

Teléfonos

Llámenos al (591-2) 2799848, (591-2) 2794740
Escríbanos a info@plataformaenergetica.org

 

Síguenos en

 

Suscripciones

Para recibir nuestros Boletines Electrónicos con noticias, documentos y más haga clic en el ícono.

Zircon - This is a contributing Drupal Theme
Design by WeebPal.