El auxilio financiero de China no salvará al gobierno de Nicolás Maduro (AL NAVÍO)

PALABRAS CLAVE:  EMPRESAS CHINAS EN VENEZUELA - FONDO CHINO VENEZOLANO - PDVSA - PRÉSTAMOS POR PETRÓLEO - CRÉDITO ESPECIAL- FAJA PETROLÍFERA DEL ORINOCO 

PEDRO BENÍTEZ (AL NAVÍO) 2018-07-06

Pedro Benítez (ALN).- 60.000 millones de dólares en préstamos a cambio de crudo en una década por parte de la República Popular China a los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, innumerables acuerdos y proyectos conjuntos, así como la presencia de empresas petroleras chinas en Venezuela no contribuyeron a mejorar la economía venezolana y mucho menos a impedir la aparatosa caída de la producción petrolera. ¿De qué servirá ahora otro préstamo de 5.000 millones de dólares? ¿Está dispuesta China a rescatar económicamente a la Venezuela de Maduro?

El pasado martes 3 de julio, el ministro de Economía y Finanzas, Simón Zerpa, anunció desde Pekín “un crédito especial” de 5.000 millones de dólares para Venezuela por parte del Banco Nacional de Desarrollo de China dirigido a revitalizar la decaída industria petrolera. De ese monto, 250 millones serían en “inversión directa (…) para el aumento de la producción de PDVSA” (Petróleos de Venezuela).

“Tres o cuatro nuevos financiamientos que tendrán un impacto muy positivo en el aumento de la producción de la Faja Petrolífera del Orinoco y en otras áreas de producción de PDVSA”, según dice el texto difundido por distintos medios.

Si bien en la cuenta de Twitter del ministro no se precisan los montos del préstamo, sí se asegura que los dos gobiernos trabajan para concretar un crédito especial para el sector petrolero venezolano.

De ser cierta la afirmación, sería la primera vez desde 2016 que el gobierno del gigante asiático otorga nuevos préstamos al de Nicolás Maduro. Porque en 2016 Pekín decidió no renovar la línea de crédito del denominado Fondo Conjunto Chino Venezolano, un acuerdo de cooperación mediante el cual el Banco Nacional de Desarrollo de China adelantaba empréstitos al gobierno de Caracas a cambio de envíos de crudo como forma de pago.

Por otra parte, desde el punto de vista del gobierno chino, este anuncio (aún no confirmado) luce extraño.

Un reciente trabajo de la revista Foreign Policy destaca el costo que para las empresas estatales chinas y las finanzas nacionales están implicando una serie de convenios de cara a la ejecución de proyectos, así como el otorgamiento de créditos a países del tercer mundo ricos en recursos naturales, particularmente en África.

En una estrategia global orientada a asegurarse en el futuro fuentes de suministro de materias primas y potenciales mercados en todo el mundo, el gobierno de China ha alentado a sus empresas a invertir en estos países, que además de por la pobreza se caracterizan por tener instituciones débiles y corruptas.

Esta política respaldada por créditos fáciles de los bancos chinos (todos de propiedad estatal) ha tropezado con varias dificultades, obteniendo rendimientos por debajo de lo esperado. Según el citado trabajo, esto ya está perjudicando a la segunda economía del mundo, con lo cual se cumple una máxima de la ciencia económica: los recursos siempre son limitados.

Una de las razones es que las empresas chinas carecen de la experiencia de las contrapartes occidentales cuando invierten en el extranjero, evaluando mal los riesgos y obligando a sus bancos a renegociar muchos de esos créditos.

La experiencia desde hace más de una década del gobierno chino con los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro es un ejemplo ilustrativo de la observación anterior. Desde hace más de 10 años, China, por medio del Fondo Chino-Venezolano, le ha prestado al gobierno de Caracas más de 60.000 millones de dólares a cambio de asegurase un suministro petrolero que ha llegado a los 500.000 barriles al día.

Asimismo, los dos gobiernos han firmado numerosos convenios de cooperación y se han comprometido a ejecutar proyectos conjuntos en Venezuela.

Además, tres empresas chinas, la Corporación Nacional de Petróleo de China(CNPC), Sinopec (que opera principalmente en las áreas de refinación y petroquímica) y Petrochina Internacional tienen años realizando inversiones en Venezuela como socias de PDVSA.

Sin embargo, así como los préstamos chinos no han podido evitar la crisis de las finanzas públicas venezolanas, la mayoría de esos proyectos no se han podido concretar y las empresas tampoco han podido ayudar a evitar la caída de la producción petrolera venezolana.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), en junio la producción de petróleo venezolano cayó a 1,36 millones de barriles por día.

Pese a la declarada amistad entre los dos regímenes, las dificultades a la hora de ejecutar los proyectos han sido continuas. Así, por ejemplo, en diciembre de 2017 Financial Times informó de una demanda que Sinopec presentó ante un tribunal estadounidense por el incumplimiento de contrato por parte de PDVSA.

Por otro lado, las declaraciones del ministro Zerpa, sugiriendo que estos nuevos financiamientos irán dirigidos a incrementar la producción en la Faja Petrolífera del Orinoco, van a contra corriente de los resultados obtenidos en el propósito de explotar esta extensa zona abundante en crudos pesados y extrapesados ubicada al norte de río Orinoco, pero de elevados costes financieros.

Es más, dentro del chavismo comienza a tomar fuerza la idea de volver a dirigir los esfuerzos en beneficio de los tradicionales pozos de petróleo ligero con los que todavía cuenta Venezuela.

Financiación a fondo perdido

A todo lo anterior hay que agregar que el gobierno chino ya se ha asegurado (por un acuerdo suscrito en 2014) el suministro de petróleo y gas por parte de Rusia. Y de paso, Arabia Saudí por petición del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de anunciar un incremento de su oferta de petróleo al mercado mundial para moderar los precios.

No parece que China tenga en estos momentos demasiado interés en seguir financiando la posible recuperación de la industria petrolera venezolana, sobre todo a la luz de los resultados pasados.

La cooperación económica por parte de la República Popular China (léase: prestamos) no ha contribuido a mejorar la economía venezolana y mucho menos a impedir la aparatosa caída de la producción petrolera, pese a ser este último la evidente razón del interés del gobierno chino en Venezuela.

Lo que la experiencia de la última década indica es que los préstamos chinos no serán de mayor utilidad para Venezuela a menos que en Venezuela ocurra un giro radical de la política económica. Mientras tanto, China sólo estará financiando al régimen de Nicolás Maduro a fondo perdido.

Pero de ser así, puede que el gobierno chino, mirando más a largo plazo, aprecie que Maduro esté saliendo de la zona de turbulencia a más de un mes de haberse realizado la cuestionada elección del 20 de mayo y esté apostando a la perpetuación de su poder. Lo que en este caso constituiría un extraño desafío por parte de Pekín a la política de Donald Trump hacia el régimen venezolano

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