Teleférico de 234 millones de dólares y ¿más subvenciones?

Hacia marzo, el ministro del sector anticipó que ése iba a ser el monto, menor a cinco bolivianos, "accesible”.

Pero, frente a versiones sobre un costo equivalente a un dólar, otros ciudadanos pensaban razonable pagar la mitad, 3,50 bolivianos. "Siete no nos parece, porque en minibús uno baja por 1,50 y, en muchos casos, la población busca un pasaje adecuado hasta la Garita de Lima”, indicó Clemente Lima, vecino alteño del distrito 8.

Prolongando el misterio y dejando el duro fardo al Presidente, el ejecutivo del teleférico anunció este fin de semana la disponibilidad de tarjetas de uso "normal” a un costo de 30 bolivianos con 15 de crédito para el pago del servicio, y "personalizado” que costará 50 bolivianos, con 10 de crédito. 

Al margen de otras modalidades para turistas y la tercera edad, escolares y discapacitados, se anunció  un  "ticket USV-Un Solo Viaje”, a adquirirse en las estaciones. 
¿Cuánto costará este solo viaje? ¿Qué define el teleférico por un solo viaje? ¿Cubrirá el traslado desde una terminal a otra: por ejemplo, ¿de la Feria 16 de Julio a Irpavi? ¿de Pasankeri a la ex-Estación? ¿o por lo menos desde Sopocachi o Alto Obrajes al Cementerio?    

La suma de esas preguntas y muchas no respondidas descubre el trasfondo de una de las grandes incoherencias  del millonario teleférico presidencial: la inexistente conectividad directa entre sus dos, en los hechos, líneas paralelas –que, claro, no se encuentran nunca por sí mismas- y que, sin duda, aumentará el costo del viaje actual entre, digamos, el Cementerio y la zona Sur.

Esta interconexión ausente ¿fue advertida al Mandatario? ¿Sabía de ella el Presidente? 
¿Se invertirán otros 234 millones o la mitad para unir las dos terminales alteñas entre sí y la ex-Estación Central con Villa Holguín? ¿La construcción de estas dos líneas será parte de otro negocio, como el que comienza a entregarse dosificando en año electoral las inauguraciones línea por línea?     

Sea cual fuera la tarifa, cuanto más baja sea significará también un eventual subsidio mayor, pues de algún lado tendrá que salir la diferencia entre el costo real para cubrir la inversión, el mantenimiento y la operación, y el costo electoral, si se decide por ello.

De todas maneras, no será, si se aplica, la única subvención: la generación de energía eléctrica con gas natural ya es en sí misma un subsidio (o una "renta estatal no percibida”, diría un experto), pues el energético para las termoeléctricas cuesta casi ocho veces menos que el gas de exportación. Lo mismo sucede con las tarifas de electricidad, más baratas para grandes empresas que para los hogares promedio.

En efecto, un reciente estudio avalado por   Enrique Gómez, Ph.D en Economía, establece que ciertos consumidores pagan 3,87 centavos de dólar el kilovatio-hora mientras los usuarios finales desembolsan ocho. 

La subvención al gas, corroboró Gómez, disminuye también el precio de la electricidad consumida por la industria y el comercio; mientras que las tarifas en el área rural son más altas.

Y el teleférico, pese a sus paneles solares, absorberá en sus tres líneas, como lo anunció su actual gerente, "lo que consumen 36.000 casas”. 
Por el camino del PumaKatari, el teleférico imita muchas de las características impuestas por la flota de buses municipales, la última de ellas: llevar pasajeros especiales, escolares y los de tercera edad a mitad de tarifa. 

Pero sigue también su impronta marginal. Si  prevé ingresos por 700 millones de dólares en 40 años hasta   2054, ello equivale a recaudar 49.000 dólares diarios por trasladar 67.000 pasajeros/día en caso óptimo y no quizás en su primera fase. Será también, apenas, el 3,5% de las necesidades metropolitanas.